Reseña. Sursum, un libro interesante para comprender la relación Iglesia-Estado en la región

Gilberto López Alfaro

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Reseña del libro Sursum la voz de una juventud católica.
Análisis de los contenidos publicados en un periódico laico de Hermosillo 1942-1946, de
Jorge Mario Álvarez.

La presente reseña se lleva a cabo desde la perspectiva de la Teoría de la secularización. Como tal, habrá que señalarse que el tema es sumamente sugerente de análisis, ya que en la región se cuenta con poca bibliografía historiográfica al respecto, pues la historia del México contemporáneo nos exige la revisión de procesos que vuelven a tener relevancia ante los acontecimientos de la transacción democrática, ante la efervescencia de la lucha por el poder entre los sectores políticos y también de cara a los retos que implican la dinámica transición de las sociedades de frente a la tradición y el conservadurismo que representa la Iglesia católica.
Estudiar procesos de conflicto entre el Estado mexicano y la jerarquía eclesiástica y su relación con la sociedad es uno de los temas apremiantes a descubrir, pues el comportamiento de las regiones ante el conflicto cristero, por ejemplo, ha tenido una gran gama de matices, pues como ya había comentado recientemente, hubo muchas "cristiadas" que se diferencian en cuanto a los tiempos, manifestaciones de restricciones y normatividad en cada estado pero, sobre todo, con diversas formas de reacción entre la sociedad. Tal es el caso, del conflicto religioso que en Sinaloa ocasionó la Ley Calles. Su promulgación generó la clausura de los templos, como sucedió en el centro del país entre 1926 y 1929, pero también entre los años 1934 y 1939, en los que se manifestaron los signos de prácticas normativas del Gobierno como el cierre de los templos y la reglamentación y orden del número de sacerdotes en funciones, bajo un registro ante la Secretaría de Gobernación (tal como lo explica Jorge Mario Álvarez para el caso de Sonora, pero sobre todo la persecución, so pena de encarcelamiento, del obispo Juan Navarrete —consagrado y enviado a Sonora el 8 de junio de 1919—, elementos que nos muestran una manifestación clara de prácticas secularistas y anticlericales, tal como las define Peter Berger:

“Entendemos por secularización el proceso por el que algunos sectores de la sociedad y de la cultura son sustraídos de la dominación de las instituciones y los símbolos religiosos. Cuando hablamos de sociedad y de instituciones en la historia del Occidente moderno, está claro que la secularización se manifiesta por la evacuación, por parte de las iglesias cristianas de áreas que previamente estuvieron bajo su control e influencia… como en la separación Iglesia y Estado, o en la expropiación de los bienes eclesiales inmuebles, o en la emancipación de la educación con relación a la tutela de la Iglesia. Sin embargo, cuando hablamos de símbolos y de cultura implicamos que la secularización es algo más que un proceso socio-estructural. Afecta a la totalidad de la vida cultural e ideológica y puede observarse en el declinar de los temas religiosos en las artes, en la filosofía, en la literatura y, sobre todo, en el despertar de la ciencia como una perspectiva respecto al mundo, autónoma y eminentemente secular.”2

Las manifestaciones, por lo tanto, de los acontecimientos que anteceden a la publicación del periódico Sursum marcan la pauta de los tiempos y la pertinencia de cómo estudiar hoy las diversas connotaciones que puedan reflejar su estudio. Con esto me refiero a que, desde la óptica del periodismo, desde la sociología de la religión, desde la teoría de la secularización, desde el estudio de las sociabilidades al estilo de Maurice Aghullon y de la de construcción de los textos propuestos por Derrida, desde el análisis del discurso que propone Van Dick, el trabajo de Jorge Mario puede ser foco de estudio. Obviamente que, desde la variedad de la óptica metodología, habría que poner en su contexto cada una de estas perspectivas comentadas